• Un barrio histórico


    El Río de la Pila ha sido y es una de las calles más típicas de Santander. Con todo, el tiempo también ha pasado para ella y, aunque se ha resistido tercamente a abandonar su estilo pejino y popular, el Río de la Pila ha ido cambiando poco a poco, adaptándose a las nuevas modas y corrientes importadas desde las grandes ciudades. La suya es una historia de ambientes propios, de gentes del pueblo, de gestos cotidianos y personajes populares. Es la historia de una noche viva y de una cultura en movimiento.

    Conocer la historia del Río de la Pila es adentrarse en la historia de Santander, es conocer cómo ha cambiado la ciudad, es descubrir cómo han evolucionado la gente y sus costumbres a través de los edificios, los locales, los comercios, la propia calle.
    Cuando el Río sueña, Santander vive y crea.

    De pequeño arrabal a centro social y cultural


    El Río de la Pila fue, en sus orígenes, poco más que un arrabal situado en los alrededores de una Santander pequeña, íntima, pretérita, difícil de imaginar desde la perspectiva presente. La primera mención expresa de la existencia del Río de la Pila data de una década antes al comienzo de la Revolución Francesa; en 1769, el Río de la Pila apareció mencionado expresamente en el Reglamento de Limpieza y Policía de la ciudad. La calle tomó su nombre de un pequeño manantial que discurría por la zona de Despeñaperros –la zona más alta del Río de la Pila- para bajar por la actual calle del Martillo hasta desembocar en el mar. Aun así, por aquella época, el Río de la Pila no constaba como lugar habitado y no aparecía en los principales documentos urbanísticos.

    En 1822, la calle volvió a aparecer gracias la redacción de un plano denominado “de población del Río de la Pila”, en el que aparecía diseñada de forma muy similar a como la conocemos hoy en día, salvo por algunas pequeñas variantes. Una década después, aparecería un nuevo plano del Río de la Pila definido por alineaciones y demarcaciones mucho más exactas.

    Pese a todo, en 1837 el Río de la Pila continuaba siendo considerado como un barrio situado fuera del casco de la población urbana de Santander, lo que permite hacerse una idea de las reducidas dimensiones que, por aquel entonces, caracterizaban a la capital cántabra. La inclusión del Río de la como calle integrada en Santander tuvo lugar en 1845 gracias al diseño del llamado “Plano de Chavarri”, que tuvo como modelo el plano de 1831, y gracias al cual el Río quedó definido tal cual se conoce hoy en día.

    Antaño barrio de gentes humildes, de pescadores y marinos, de personajes del pueblo, el Río de la Pila vivió un gran impulso en la segunda mitad del siglo XIX. El primer gran cambio vivido por esta calle mítica tuvo lugar a mediados de siglo, con el establecimiento de la famosa Casa de Baños de Arístides Toca, que se convirtió en un importante foco de reuniones de alta alcurnia de Santander.

    Veinte años después, fue construido en el Río de la Pila uno de los edificios más representativos de Santander en aquella época, y un elemento fundamental para entender la evolución de la zona: el Casino Kursaal. Este establecimiento se convirtió en un foco de vida social y ocio nocturno, sentando los precedentes de una de las principales características del Río de la Pila del siglo XX: la vida nocturna.

    Teatro Pereda


    El primer gran cambio experimentado por la calle en el siglo XX fue la construcción, en el solar que dejó la casa de baños en el número 2, del que fuera el principal foco cultural de Santander durante un largo periodo de tiempo: el Teatro Pereda, inaugurado el 25 de julio de 1919.

    Diez años más tarde, el Río de la Pila viviría una nueva modernización con la construcción de la nueva Central de Telefónica, la primera de España con un sistema automático. Dicha central sobreviviría hasta 1976, año en que la propia compañía la derribó para edificar una nueva central, que en 2009 se ha convertido en la sede de la empresa Fraile y Blanco.

    Si durante la primera mitad del siglo XX tuvo lugar un paulatino, pero impreciso, proceso de revitalización social de la zona, la segunda mitad de siglo dio lugar al establecimiento del Río de la Pila como punto fundamental de encuentro en la noche santanderina. Fue una época dorada para muchos establecimientos instalados en la zona. Destaca el caso paradigmático del mesón El Riojano, reconvertido en un bohemio foco cultural en el que se mezclaban y discutían las tendencias llegadas del resto de España y de Europa.

    Un mítico de la noche cántabra


    Otro hecho determinante para el futuro del Río fue la apertura, en 1959, del Club Drink, que instauró la exitosa dinámica denominada “Music while you drink”. Lo que para una parte de la sociedad no era sino un chocante antro, se convirtió, merced al impulso de las nuevas generaciones, en el modelo a seguir e imitar por muchos de los bares y locales que surgieron posteriormente, y que supusieron la instauración definitiva del Río de la Pila como uno de los centros de ocio nocturno más destacados de la comunidad.

    Medio siglo después, el Río vive un proceso de renovación que pretende modernizar este pequeño, pero fundamental, punto de la geografía santanderina. Con todo, se trata de un proceso que busca mantener, en la medida de lo posible, el aire típico y popular del ya famoso Río de la Pila.

    Son muchas las posibilidades que pueden contribuir a mejorar la calidad de la zona. Algunas de ellas, como la importancia de la mejora de sus infraestructuras, ya se están desarrollando, pero queda mucho por hacer. Reducir e incluso eliminar los numerosos vehículos que aparcan en la zona, y que suponen un importante lastre para la accesibilidad, la movilidad y la estética de la calle; asfaltar un firme con muchos años de antigüedad, para mejorar el pavimento y reducir los baches y demás obstáculos para viandantes son dos de las posibles actuaciones a llevar a cabo. Convertir de nuevo el Río de la Pila en un foco de vida social y de creación artística, es otro de los grandes objetivos de esta área de la ciudad.